Curitiba: ciudad sustentable y un ejemplo para el mundo

Coré Etuba es la expresión indígena tingüí de la que proviene Curitiba, una ciudad con ya 300 años de antigüedad. Pero su fama mundial está asociada a la modernidad y al hecho de ser un enclave primermundista en América Latina, una rareza de este continente y del propio Brasil.
Lo que me impresionó cuando estuve  es la pulcritud, el perfecto engranaje de sistema de transporte público, la cantidad de áreas verdes y los sitios específicos en los que se ha realizado un esfuerzo en pos de la belleza arquitectónica para acompañar la conciencia ambiental y el aire de progreso continuo que se respira.

Curitiba es en buena medida producto de un intendente, el conspicuo arquitecto y urbanista Jaime Lerner, quien hizo de esta ciudad la Capital Ecológica del Brasil y un sistema modelo citado en libros y revistas de urbanismo de todo el mundo. Pero el proyecto que él llevó tantos años se continúa. Y por ello la urbe continúa siendo ejemplo de ciudad sustentable. Carece de los principales problemas de las grandes metrópolis modernas. Es considerada una de las mejores ciudades del mundo por su calidad de vida que se mide por el Índice de Condiciones de Vida (ICV), compuesto por indicadores como renta, educación, habitación, longevidad y otros.
Curitiba ganó dos premios mundiales de medio ambiente en 1990, uno de las Naciones Unidas (UNEP, programa del Medio Ambiente de la ONU) y otro del Instituto Internacional para la Conservación de la Energía. Las ONU le otorgo el premio “United Nations Environment Program”, el máximo galardón al medio ambiente. En 2010, Curitiba recibió dos premios mundiales de sustentabilidad.
Al mismo tiempo es un polo industrial pero se destaca por el uso de tecnologías limpias, que no generan residuos tóxicos para el medio ambiente, en diversos sectores de producción industrial. Curitiba, progresista y de sólida economía, está a favor del crecimiento industrial pero no está dispuesta a pagarlo con el costo de la calidad de vida. Por ello construyó en 1973 la ciudad industrial lejos de la residencial y a través de diversas medidas evita la contaminación con severas restricciones y sistemas de preservación de áreas verdes.
Curitiba recicla sus residuos de manera ejemplar y se encuentra en el tercer lugar en una lista de las 15 Ciudades Verdes del mundo.
Contribuye significativamente a la calidad ambiental el sistema de reciclaje de basura impuesto en toda la urbe: en Curitiba no se ve un papel tirado o un basural. Quien viaje para visitarla  y ver la nueva Bienal de Arte que se aproxima debería quedarse unos días para disfrutar y descansar de la invasiva suciedad montevideana, de nuestros carritos de recolectores informales con sus desastrosos y maltratados caballos, de la basura que cuelga y se desparrama de los contenedores callejeros, de las veredas que nunca se arreglan y de la polución visual de Montevideo.

[flagallery gid=13 name="Gallery"]

En Curitiba en cambio, en todos lados se respira esa conciencia ecológica. La ciudad está repleta de enormes parques, jardines ecológicos, millones de metros cuadrados de áreas verdes. Un buen ejemplo: en lugar de hacer monumentos altisonantes, la visita del Papa estimuló la creación de otro parque que a su vez es un memorial a la inmigración polaca y un lugar estupendo donde hacer jogging, caminar, andar bicicleta o pasear. Otro hecho a destacar: muchos de los parques fueron ganados al asfalto o a las áreas vacías en la década del 70  pero no fue solo un impulso que quedó estancado; hoy se siguen construyendo nuevos y los más viejos están todos en perfecto estado, con sus céspedes impecables ofreciendo, además, auditorios, laboratorios, bibliotecas, restaurantes y todo tipo de recreación.
Para mantener, desarrollar e impulsar la conciencia de preservación ambiental no alcanza con construir parques hay que educar a la población. Así Curitiba creó la Universidad Libre del Medio Ambiente, una entidad cuyo objeto es generar un espíritu global de defensa ambiental y que es en realidad, otro parque más. La Universidad, en efecto, está situada en un hermoso predio y tiene una estructura de madera construida sobre una rampa de espiral donde se dictan cursillos sobre preservación ecológica. En las escuelas primarias ya se imparten cursos sobre problemática ambiental y sus soluciones, lo que ha determinado un espíritu comunitario que se refleja en los afiches, los autoadhesivos y los logotipos.
Desde el punto de vista funcional Curitiba es un deleite, no porque sea particularmente bella o tenga una coherencia histórica ejemplar o por su exuberancia arquitectónica (como sucede en otras partes de Brasil) sino por su limpieza, su orden y su sofisticado diseño. Todos funciona, funciona bien y está presentado de manera que provoca placer visual tanto los elementos relativos al transporte como los de la  cartelería, las cabinas telefónicas (abundantes, funcionales y en perfecto estado para envidia de los uruguayos), las ciclovias, los sitios de preservación ecológica y la arquitectura escenográfica.
Se puede recorrer Curitiba en modernas ciclovias o en un sistema de autobuses notables. Las unidades de transporte son muy numerosas y su estado es impecable; se cambian apenas muestran el menor signo de deterioro y todas parecen recién salidas de la fábrica. Al curitibano se le ofrece la comodidad de esperar su transporte en hermosas y funcionales estaciones tubo de vidrio templado de color ceniza que además se destacan por su depurado diseño y su estado impoluto. Eficiencia, comodidad y belleza son evidentemente los lemas de esta ciudad especial. Tanto es así que las escaleras para subir y bajar del ómnibus se han suprimido: un rampa se eleva, recoge al pasajero desde la estación tubo y lo deposita suavemente tanto al ascender y al descender. La vivencia desde los ojos montevideanos parece de ciencia ficción.
En determinados puntos de la ciudad una arquitectura escenográfica resalta los méritos urbanísticos y ecológicos de Curitiba.
A casi mil metros de altura, la capital de Paraná es hoy un centro impar del Brasil. Tiene 7 universidades, diversidad cultural,  3 millones de habitantes y una historia ya auspiciosa en el terreno cultural y de las artes plásticas.
Es un sitio ideal para hacer una Bienal y por ello vale la pena viajar para visitarla y ver a la vez esta nueva edición de la Bienal de Curitiba.

*Alicia Haber

 

Dejar un comentario